La ley devuelta
 

Fuente: EDITORIAL, EL TIEMPO, ENERO 15 DE 2006

Fecha: 2006-01-15



Las once objeciones formuladas por el Presidente a la Ley Forestal revelan una laudable decisión, al más alto nivel, de proteger el bosque natural.

En un gesto tan encomiable como inusual, luego de una reunión de casi tres horas con los principales críticos de la Ley Forestal, el presidente Álvaro Uribe resolvió devolverla al Congreso, sin firmarla, con once objeciones, algunas de ellas de fondo.

Aunque pasaron varios meses antes de que por fin fuesen escuchadas las múltiples críticas que la comunidad ambiental y científica formuló a un proyecto calificado como "ley maderera", lo sucedido el jueves en la noche en Palacio es de gran trascendencia. Revela una faceta poco conocida del Presidente. No ha sido característico de su administración oír a los críticos y aceptar sus opiniones. Hasta donde se recuerde, este es el primer proyecto de ley así devuelto al Congreso. La decisión del mandatario de objetar parcialmente un texto que fue defendido a capa y espada por sus escuderos de Medio Ambiente y de Agricultura, lejos de considerarse muestra de debilidad, merece ser elogiada como un laudable acto de gobierno.

Tiene, además, gran trascendencia política, pues envía el mensaje de que, al más alto nivel, hay la decisión de proteger el bosque natural, patrimonio clave para el futuro del país en un mundo agresivo con la naturaleza. El Presidente no solo insistió en ello en reiteradas ocasiones durante la reunión, sino que las propias objeciones hechas al proyecto de Ley Forestal así lo confirman.

Son once y recogen reparos de fondo que los ex ministros de Medio Ambiente Manuel Rodríguez y José Vicente Mogollón y el ex viceministro Eduardo Uribe le entregaron al presidente Uribe en un memorando de ocho páginas (suscrito también por el ex ministro Juan Mayr). Las críticas al proyecto –que este diario compartió, al punto de pedirle al Presidente no firmarlo– se centraban en que creaba incentivos para favorecer la explotación maderera del bosque natural, removía talanqueras en la legislación existente que la impedían o limitaban y reformaba la institucionalidad para facilitarla. De eso tratan las objeciones.

Se pide al Congreso eliminar varias menciones en la ley sobre el criticado concepto de ‘desarrollo o manejo forestal sostenible’, que contrasta con las fórmulas nacional e internacionalmente aceptadas de "recuperación y conservación de ecosistemas", según reza la Ley 99 de 1993. Desaparecería también del texto la afirmación de que la estrategia fundamental de conservación del bosque es su "ocupación económica a través del aprovechamiento sostenible por actores regulares" (léase explotación por empresarios madereros).

La nueva figura del ‘vuelo forestal’ (la posibilidad de usar lo que está sobre el suelo, como los árboles, en calidad de garantía financiera) solo sería aplicable a plantaciones forestales, no al bosque natural. Se eliminarían las facultades que se dieron al Ministerio de Comercio para formular políticas de promoción de la inversión extranjera en bosques, y las que se otorgaron a los directores de las Corporaciones de Desarrollo Sostenible, varias con jurisdicción en la Amazonia y el Chocó, para conceder permisos para proyectos madereros (según la Ley 99, el Ministro de Medio Ambiente debe aprobarlos). Se pide también eliminar unos incentivos que, según los críticos, podrían aprovecharse para explotación en bosques naturales.

El texto de la objeción parcial será consultado con los ambientalistas. Y estos, con Planeación y los ministerios de Medio Ambiente y Agricultura, prepararán un capítulo sobre bosques para el documento estratégico del Gobierno hacia el año 2019, Visión Colombia: Segundo Centenario.

Las objeciones ‘peluquean’ la Ley Forestal de sus aspectos más peligrosos para el bosque natural. Hacerlo no era un capricho de los ambientalistas, sino un deber con las generaciones futuras de una de las naciones del mundo más ricas en recursos naturales y con una larga tradición de preservarlos, que rompía este proyecto. Si el Congreso las acepta –y es de esperar que el Gobierno y sus mayorías lo garanticen–, la ley no será la mejor, pero, al menos, se habrán cerrado varias de las puertas que abría a la llegada de serruchos al bosque natural.

Subsisten puntos criticables. Aunque hay miembros de las comunidades y los ambientalistas en el nuevo Consejo Nacional Forestal, clave en el diseño del Plan Nacional de Desarrollo Forestal, es notoria la presencia de otros, ligados a los sectores madereros. No se tocó la potestad que se da a empleados de las empresas madereras ("agentes forestales") para certificar el cumplimiento de normas ambientales por parte de sus empleadores. Los críticos anotan una disminución del papel del Ministerio del Medio Ambiente (y un aumento del de Agricultura) en el diseño de políticas de aprovechamiento de bosques naturales.

El memorando de los ex ministros no tiene solo razonamientos ambientales. Termina con una cita del poeta español Antonio Machado, quien, lamentándose ante un olmo del peligro que corre de ser víctima del hacha del leñador o del instrumento del carpintero, le dice: "Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera". El Presidente, por lo visto, decidió hacer el ‘milagrito’. Queda en manos del Congreso confirmarlo.

editorial@eltiempo.com.co


VER MÁS NOTICIAS