| Desde las últimas tres décadas, el control y manejo de la educación escolarizada ha sido un objetivo importante para las comunidades indígenas de la Amazonia colombiana. Durante más de cuarenta años, el Estado contrató con la iglesia la educación de los niños y niñas indígenas en estos territorios. La educación en los internados promovió el aprendizaje del español -en detrimento de las lenguas nativas-, la interiorización de normas y valores morales de comportamiento distintos a los principios de crianza propia –la palabra de consejo y los ritos de iniciación- y el aprendizaje de contenidos curriculares descontextualizados de su mundo natural, lo cual provocó la desarticulación social y cultural de las comunidades.
En la búsqueda de condiciones distintas que permitieran la recuperación de las prácticas de crianza tradicional, las comunidades promovieron la descentralización de la educación a través de la creación de escuelas en sus comunidades, de carácter comunitario, que no solo permitiera el regreso de sus hijos sino que a partir del diseño de programas de educación propia, fuese posible la recuperación de las lenguas maternas, el fomento de prácticas y saberes tradicionales propios y la promoción de una educación para el manejo del territorio.
En un primer momento, la creación y manejo de estas escuelas estuvo en manos de profesores indígenas formados en los mismos internados. Posteriormente, un conjunto de normas legales promovidas en la década de los años setenta, la presencia de agentes del Estado distintos a la iglesia –antropólogos del ICAN, en el caso del río Mirití, Amazonas–, los procesos de organización de las comunidades indígenas en Asociaciones y la promulgación de los principios de diversidad de la Constitución del 91, permitieron la formulación de los actuales proyectos de autonomía escolar. |